Casona de Wannsee
Casona ocupada en la Conferencia de Wannsee y que fue elegida por Reinhard Heydrich (el carnicero de Praga) para comunicar la política de Estado que se llamó ‘la solución final de la cuestión judía’.

La solución final, Wannsee, Auschwitz, los coroneles Adolf Eichmann y Reinhard Heydrich, y el doctor Mengele, son las claves culturales más universales de la estética política del exterminio y los crímenes contra la humanidad que nos han heredado el Tercer Reich y el Holocausto.

Más allá de Hitler, la tiranía que él construyó junto al partido Nazi fundó un paradigma de criminalidad que sigue irrumpiendo en el debate del derecho penal internacional.

Nunca antes hubo un verdadero Leviatán con su temeraria simbología social y moral tan poderosamente defendida por una nación y la aceptación de la impunidad de las atrocidades del terrorismo de Estado.

Cierto es que los cerca de 6 millones de judíos, gitanos, eslavos, discapacitados y homosexuales que murieron tras la limpieza étnica entre 1933 y 1945 no constituyen el primer genocidio del siglo XX, ni siquiera el que cobró mayores víctimas, pero su testimonio abrió la puerta a la discusión sobre los límites del Estado de derecho capaz de albergar esta ideología, y la urgencia de la universalidad de la persecución de los crímenes de lesa humanidad y de guerra.

Fue el 20 de enero de 1942 que la Conferencia de Wannsee marcó un punto de inflexión en la política estatal de la cuestión judía. Una reunión -dirigida por Heydrich y secundada por Eichman- en que los 15 representantes de las divisiones administrativas de Alemania se transformaban en facilitadores de la solución final: la muerte de más de diez millones de judíos, desde Noruega a Italia, en Europa y, desde Libia a Marruecos, en África.

Una tarea que debería tomar poco más de un año y donde la ingeniería de las cámaras de gas y grandes incineradores evitarían la responsabilidad directa de soldados o de cualquier mano homicida.

Ese fue también el estreno de Auschwitz como la más valiosa joya de la maquinaria genocida, cuyos nonagenarios operadores aún son investigados por la justicia, y cuya liberación por los soviéticos el 27 de enero de 1945 develó además los oscuros métodos de experimentación genética de Mengele.

Seis décadas después, la ONU ha acordado que sea el 27 de enero el día mundial de la memoria del pueblo judío como un recordatorio de que el odio y los totalitarismos merecen ser tipificados como crímenes internacionales.

http://www.elmostrador.cl/tv/archivo-tv/2016/01/19/miradas-el-holocausto-wannsee-y-la-memoria-judia-por-giovanna-flores-medina/

Anuncios