El Mufti de Jerusalén y Hitler, Berlín 1941
El Mufti de Jerusalén y Hitler, Berlín 1941

 

La derecha israelí hoy está en la encrucijada de su propia estrategia de la tensión. Una disyuntiva donde se juegan tanto intereses económicos sobre la matriz energética del África como la fidelidad y el crecimiento electoral de la alianza de gobierno. En este sentido, no solo importa perpetuar el control de los asentamientos y su crecimiento en Gaza, sino legalizar la propiedad de los yacimientos gasíferos que aún no son explotados en la zona y que tanto interesan a Qatar y Arabia Saudita.

Asistimos entonces, en los últimos días, ante un paradójico despliegue discursivo por parte del premier Benjamin Netanyahu: ha hecho del negacionismo una nueva herramienta que explicaría la naturaleza cultural del odio de los palestinos hacia el pueblo judío y un flanco de ataque de la raíz del mal.

Ad portas de su visita oficial a Alemania, rememora sus denuncias de hace 20 años, sobre la instigación palestina al holocausto, generando controversia y rechazo. No sólo porque desdeña el derecho y deber de protección de la memoria de las víctimas del Tercer Reich, sino porque destruye la legitimidad de los inicios de la justicia penal internacional.

El origen de tal criminalidad sería Amin al Hussein, Mufti de Jerusalén, quien en sus encuentros con Hitler en 1941 lo habría convencido de la necesidad de la desaparición de la raza judía. Es decir, niega que haya sido un plan sistemático de limpieza étnica diseñado e implementado por vía jurídica y administrativa por parte de la Cancillería alemana, lo que alcanzaría sus máximos réditos desde la reunión de Wansee de 1942 y la adopción de la ‘solución final’: los campos de exterminio en base a las cámaras de gas.

Justamente cuando se celebran 70 años de existencia de Naciones Unidas y se conmemoran dos décadas desde el magnicidio de Isaac Rabin, a causa de los Acuerdos de Oslo —plan diseñado junto a Arafat, donde se reconocía un Estado Palestino y que se vio truncado—, sus declaraciones sólo contribuyen al descrédito y a la reaparición del fantasma del negacionismo.

Netanyahu ha propuesto erigirse en el líder que derribe la figura del bulldozer Sharon y en la lumbrera de una nueva derecha que imponga su ‘paz económica’ por sobre la justicia de la ONU. Y lo ha logrado.

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