Desde los primeros días de la Junta Militar, se sucedieron cambios en la judicatura a los cuales ningún juez y menos la Corte Suprema opusieron resistencia alguna: esas modificaciones incluyeron desde Consejos de Guerra hasta tribunales laborales especiales, en lo que fue todo un nuevo orden paralelo para tiempos de excepción constitucional permanente en el país.

Actualmente, ciertos abogados, a medida que reconstruyen la memoria de la época, han revelado que esa vinculación con el gobierno de facto radicaba -más que en la cooptación y el tráfico de influencias-, en un precario equilibrio del silencio que cedía al desmantelamiento institucional y los crímenes del régimen.

¿Qué fue lo que rompió esa atmósfera de connivencia?

¡Sí, en Chile se tortura¡ titulaba el 19 de septiembre de 1988 el semanario Análisis, provocando un remezón en el poder Judicial y cuyo eco aún retumba, pese al pálido recuerdo que ha dejado en nuestra sociedad la justicia transicional. Su autor, el polémico juez René García Villegas, del Vigésimo Juzgado del Crimen de San Miguel.

Era la primera vez que un magistrado acusaba abiertamente un crimen de lesa humanidad contra los aparatos policiales de Pinochet. Como consecuencia, ese día se abrió la puerta para que nunca más la prisión política y los apremios ilegítimos fueran denominados bajo el eufema de las lesiones graves y sus autores fueran sobreseídos y amnistiados gracias a los instrumentos de la impunidad.

Hasta ese entonces, ni el cine ni la narrativa habían dado cuenta del discurso oculto entre los jueces so pena de la barbarie de la dictadura. Una cita que relevó la legitimidad y viabilidad de la aplicación directa de las normas que sancionan las atrocidades, y que hoy, con reforma constitucional incluida y varias convenciones internacionales vigentes, resulta innegable.

Hacia 1990, ya retirado, su documental y sus libros Soy testigo: Dictadura, tortura, injusticia y Pisagua: Caín, qué has hecho de tu hermano se convertían en best seller, mientras Carlos Cerda, José Benquis, Hugo Dolmetsh y Alejandro Solís sometían a proceso y explicaban al mundo el rol de los jerarcas de la CNI.

Casi olvidado por la transición, no alcanzó a ver que la tortura que se vivió sería débilmente abordada -y sin aún tipificarse- por las Comisiones Valech I y II. Murió en 1998, el mismo día que Pinochet era detenido en Londres.

Publicado en Diario Concepcion http://www.diarioconcepcion.cl/?q=node%2F851

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