Sbrenica

“Se calcula que en 1995 vivían 60.000 refugiados en Srebrenica, el doble de su censo antes de la guerra. La ONU había declarado la localidad, un enclave musulmán en una zona de influencia serbia, “zona segura, libre de ataques y otras acciones” y la protegía con sus fuerzas, la UNPROFOR. Aquel 11 de julio, sin embargo, no sirvió de nada. A las tres de la tarde, la radio anunció la caída de la ciudad en manos de Mladic. El pánico hacía horas que reinaba”.

Las heridas abiertas por la ideología de una Gran República Serbia —cristiana y de raza pura— aún generan debate al interior de la ONU. Entre los negacionistas de las atrocidades cometidas por los agentes del Estado, tanto de derechas como de izquierdas, no sólo se encuentran los hechores y los militantes de las redes políticas de Milosevic, sino países como Rusia y China que siguen abogando por la impunidad.

Desde 1987, y en particular durante el conflicto de Los Balcanes, la limpieza étnica fue un ejercicio sistemático, cuya crueldad es idéntica a la de los turcos en el genocidio armenio, y su diseño comparable a la solución final de Wansee dirigida por Adolf Eichmann. Antecedentes ambos de una serie de masacres cometidas, de todas las cuales, la de Srebrenica devino en el mayor crimen de lesa humanidad cometido en Europa desde la II Guerra Mundial: un nuevo genocidio.

En esa pequeña villa, entre el 11 y el 14 de julio de 1995, más de 8300 hombres y niños musulmanes de origen serbio fueron secuestrados, ejecutados y desmembrados, diseminando sus cuerpos en unas 600 fosas comunes. Nunca antes las fuerzas de la OTAN, desplegadas en un campo de refugiados, habían sido vulneradas tan flagrantemente. Justo cuando parecía que la guerra terminaría, la realpolitik de los victoriosos degeneraba en brutalidad y la comunidad internacional quedaba perpleja.

Con los años, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia junto a los juzgados criminales comunes terminaron condenando por este caso a 14 altos mandos y 23 agentes de menor jerarquía, tanto por crímenes de lesa humanidad como por crímenes de guerra. Mas los procesos por genocidio en contra del autor intelectual y del principal jerarca militar y ejecutor, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, respectivamente, aún están pendientes. Los otros cientos de partícipes permanecen en el silencio de un pueblo bajo el conveniente olvido: desde mercenarios hasta campesinos convertidos en homicidas ocasionales.

El Consejo de Seguridad de la ONU, con motivo de los 20 años, quiso declarar a dicha masacre como un genocidio, pero proliferaron los argumentos en contra. Una de las voces disidentes fue Chile: el derecho a la memoria y la sanción al genocidio son prerrogativas universales.

Publicado en Diario Concepción http://www.diarioconcepcion.cl/2015/07/14/#2/z

Anuncios