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La expectación y polémicas en torno a la primera encíclica del Papa Francisco —Laudato Si— han estado marcadas por un debate político del cual no podemos sustraernos: el abuso de la economía de mercado sobre el medioambiente y su impacto en los derechos humanos. Un problema global que atraviesa no solo las definiciones de la estrategia de desarrollo de los Estados, sino que el rol de la Justicia universal en la protección y cumplimiento de las prerrogativas más fundamentales.

Son los más pobres los que terminan siendo víctimas de la inequidad planetaria, a decir del mismo Pontífice, y protagonizan las paradojas de la retórica de los derechos. Así, el derecho más mínimo e inalienable al agua no es autónomo, sino que depende del mercado de la bioseguridad; o, se persiguen los más graves delitos ambientales transfronterizos como meras faltas a la libre competencia; e, incluso se aprueban directivas en la ONU para ayudar a los desplazados ambientales mientras su seguridad alimentaria se licita en otras latitudes como pertrechos de guerra.

‘Laudato Si’, no es el resultado de la realpolitik del Vaticano que cede a las peticiones de los activistas ante la sobreexplotación del planeta. Al contrario. Es un instrumento político con vocación fundacional y cuyos orígenes se remontan al Magisterio Social de la Iglesia. Una hoja de ruta para el debate de un nuevo paradigma económico/político donde la ecología humana sea un concepto conformado por varias prerrogativas y cuya vulneración constituiría un crimen de lesa humanidad. Su carácter ecuménico y el uso predominante de un lenguaje científico —excediendo los argumentos de la fe— le convierten en punta de lanza contra aquellos que desdeñan el cambio climático como un problema global. A lo sumo, sería un conflicto de gobernanza sobre los recursos naturales. Desde los conservadores norteamericanos, como el precandidato Jeff Bush, hasta los lobbystas de la industria asiática, canadiense y europea, han calificado su contenido de propaganda de un catolicismo en crisis.

Más allá de las posiciones religiosas, y de la mayor o menor exposición mediática del Sumo Pontífice, la publicación de esta encíclica nos ofrece la oportunidad de discutir sobre el rol de Chile en la adopción de un pacto global contra el cambio climático. Ello, porque nuestro país es uno de los principales afectados por el aumento de emisiones de los gases de efecto invernadero de otras naciones y por mucho que se amplien los mercados de destino de sus bienes, no existen mecanismos efectivos de reparación, compensación y mitigación del daño ambiental acumulado en las últimas dos décadas. Algunos hablan de adoptar la doctrina de la economía del cambio climático; otros, de asumir los desafíos de la ONU; y los menos, de sumarse al paradigma competitivo de los poderosos asiáticos que desdeñan las normas ambientales. En este complejo escenario, nuestra vulnerabilidad es casi negligente.

En diciembre ese pacto global debiere ser aprobado. Estamos, por tanto, conminados a discutir qué modelo de protección para el medioambiente necesitamos. Laudato Si es un punto de partida.

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/06/30/laudato-si-derecho-humano-al-medio-ambiente/

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