La estética de la política en el caso de Angela Merkel, la campaña mediática a su favor y la contrapropaganda.
La estética de la política en el caso de Angela Merkel, la campaña mediática a su favor y la contrapropaganda.

Angela Merkel, espléndida y en colores, sonríe mirando el cielo en la Acrópolis de Atenas. Casi parece víctima del síndrome de Stendhal, rara enfermedad que afecta a quienes admiran la belleza hasta perder la conciencia. Una imagen que sólo puede evocar la satisfacción del triunfo y del poder que no vislumbra amenazas. Es la Canciller, la única mujer, entre siete coroneles nazis en un collage cuyo fondo original se remonta a 1941. Todos lucen exultantes: están en el corazón del culto al arte y a la estética. Un paraíso al que su ideología aspira, y un botín para el imperio de los mil años. Así es el fotomontaje de la última portada de Der Spiegel (El Espejo), cuyo titular ‘La superpotencia alemana’, ha generado polémica en su país.

Fiel a su inspiración liberal que reportea con lupa el quehacer político germano, en especial de los democristianos en las últimas seis décadas, el semanario pone en entredicho la nueva estrategia de Merkel en los medios internacionales. Desde agosto pasado los titulares de revistas y diarios, todas las semanas, cuentan con alguna nota sobreMerkel, su retórica y su estética del poder. Las portadas de Vanity Fair y The Economist, sus fotografías delante del David en Florencia, su fiesta de cumpleaños con mil invitados, o la carta escrita por Beyoncé pidiéndole mayor consideración hacia los pobres; han sido hitos de una campaña donde la austeridad financiera oculta su verdadera cara: la represión macroeconómica que ejerce su gobierno sobre una Europa germanizada y perpleja ante la crisis. Así verían los demás su hegemonía, según han explicado los editores en respuesta a las críticas.

Ad portas de la primera visita del premier heleno Alexis Tsipras, el complejo debate sobre las condiciones draconianas del nuevo salvataje a Grecia se ve opacado por el reclamo griego: las indemnizaciones que debe Alemania en reparación de los crímenes de guerra, y la falta de reciprocidad en el trato de la deuda, pues Adenauer construyó su economía social de mercado con los préstamos sin intereses ni moratorias de gobiernos como el de Atenas en 1953.

La CDU deberá demostrar entonces la vigencia de su humanismo cristiano y Merkel ser responsable de su suerte.

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