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‘Penta, SQM y Dávalos: la continua controversia de los interminables escándalos políticos de Chile’ titulaba una nota de Latin Correspondent, la que se acompañaba por una espléndida fotografía de Michelle Bachelet sentada, en una reunión de la ONU. Un golpe certero contra la Presidenta y funcional al discurso de oposición —de derechas y de izquierdas— que acusa a la Nueva Mayoría de tolerar la intromisión del empresariado en la conducción de la estrategia de desarrollo, e incluso, de fundar las bases de una cleptocracia (gobierno de ladrones). Así, estaríamos ad portas de una crisis de legitimidad que trastroca al Estado al punto de debilitar la ética y ‘la estética de la política’.

Y es esto lo más discutible: sobreponer ‘lo feo’ a la coyuntura y considerarle equivalente a las faltas a la ética y a los delitos asociados al financiamiento irregular de campañas, o el cohecho, es una incoherencia teórica y un obstáculo a la solución de la crisis. Algo que nos recuerda el lenguaje violento de la ideología de la corrupción en la Concertación y su urgente desalojo de La Moneda, doctrina defendida por el otrora precandidato presidencial y senador Andrés Allamand.

Estetización y estética de la política, tal como la han planteado Walter Benjamin y Ranciére, son dimensiones que buscan la belleza del discurso y la construcción del poder a través del lenguaje. Es lo que antes algunos denominaron la épica del relato, por lo que su relación con la moral, la maximización de su audiencia con las actuales tecnologías y el sentido de lucha, son inherentes a ella. Nada tiene que ver, por tanto, su identificación forzada con el marco normativo de la ética y del derecho, aunque derive de ellos.

La fealdad o no de la intervención de Dávalos en una negociación privada y su enriquecimiento o su participación en un eventual tráfico de influencias, no destruyen la estética de la sociedad de derechos garantizados que defiende la Nueva Mayoría. En todo caso, si cometió algún delito o vulneró la ética de su antiguo partido sólo su responsabilidad está en juego. En cambio, la estética política de Bachelet sigue tan impecable como su traje de shantung blanco diseñado por Michael Kors y confeccionado en Chile con el cual asumió en su primer mandato.

http://www.diarioconcepcion.cl/ (PÁG. 2)

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