Vigilia por las víctimas de Charlie Hebdo

Por estos días el nombre de Charlie Hebdo pasó a ser una marca de moda en las redes sociales que se acerca peligrosamente a una fobia que recorre a Europa: el repudio al Islam. Un irracional e ilegítimo discurso que en la última década ha preocupado a Naciones Unidas, a través de la Alianza de las Civilizaciones (2007), y que se ha erigido en tema valórico de la extrema derecha en el Viejo Continente. No sólo califica a los fieles de guiarse por una ideología totalitaria anti occidente, sino que cree ver en cada musulmán un brazo de la yihad. Bagdad y Al Andalus, los símbolos del imperio, parecen avecinarse sin tregua.

Esa amenaza, sin embargo, siempre tiene un sello ganador que aplaca sus peligros: gas y petróleo, activos inmobiliarios y financiación de campañas. Si la mezquita más grande se construye en Barcelona por mano de Qatar, la oleada de refugiados pobres no vale igual. Y ese es el otro dilema político de fondo que enfrentan Francia, Bélgica y Alemania: un retorno del colonialismo que perpetúa la desigualdad de trato y los abusos.

En este escenario, el debate sobre las causas del atentado contra la revista satírica presenta ribetes de falsedad, donde uno de los mayores excesos es la sacralización de la libertad de expresión frente a los migrantes y sus vinculaciones al terrorismo transfronterizo. Ello implica desdeñar una premisa esencial de la lucha de reconocimiento: todos los DD.HH son equivalentes y las libertades fundamentales de religión, de conciencia y de expresión no tienen jerarquía entre sí. Menos frente a las prerrogativas de última generación cuya principal promotora ha sido la misma UE. Tampoco cabe la argumentación de que el Estado laico debe desentenderse, además de reprimir y vigilar a las religiones. Al contrario, debe protegerlas, generando espacios e instituciones de efectivo respeto y reparación del asedio permanente que viven quienes profesan una fe determinada. Aquí no está en juego la autonomía de la libre prensa, sino el sistema completo de derechos.

Ergo, si bien nada justifica las víctimas de un par de lobos solitarios argelinos por haber ofendido al Islam y Mahoma, tampoco resulta legítimo defender que dicha sátira esté dentro del respeto a los DD.HH o se constituya en el nuevo argumento a favor de la islamofobia.

http://www.diarioconcepcion.cl/2015/01/20/#p=2

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