Eduardo-Frei-Montalva

Hoy se cumplen 33 años de uno de los crímenes políticos más amargos y vergonzantes para la historia de Chile y de la Democracia Cristiana internacional: la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva. Un magnicidio con una verdad judicial aún incompleta que, junto a las desapariciones, tratos inhumanos y otras ejecuciones ilegítimas —como los atentados en contra de Orlando Letelier, el general Prats y el fallido ataque a Bernardo Leighton, o el degollamiento de Tucapel Jiménez—, devino en símbolo del trágico destino de una parte de nuestro país durante la dictadura cívico-militar. Una lacerante persistencia del ocultamiento y obstruccionismo de la información ante la justicia, con la cual han construido su defensa los mandantes, ejecutores y otros partícipes, y cuyo efecto no es sólo evitar la persecución penal sino la reconstrucción de la memoria histórica.

En esta evocación dolorosa, Chile tiene la oportunidad de mirar la imagen del país frente al espejo: el negacionismo y la banalización de los crímenes de lesa humanidad —que en los 70 y 80 asolaron a Latinoamérica— parecen desvanecerse. Por eso, más allá de la suerte procesal de la causa rol Nº 7.981-B, la resolución del 7 de diciembre del 2009 dictada por el

ministro Alejandro Madrid fue emblemática: determinó el procesamiento por el delito de homicidio por envenenamiento de Eduardo Frei Montalva y sus hechores fueron todos antiguos agentes del Estado.

La verdad estaba reconocida: nunca más se volverá a hablar de la muerte producida por un shock séptico propio de un cuerpo anciano o de la acción propagandística en contra del gobierno de Pinochet y la Clínica Santa María. Al contrario, está a firme la certeza —irrefutable por medios científicos— de que fue envenenado aprovechando su condición de vulnerabilidad con gas mostaza y ‘transfer factor’, estableciéndose además la cadena de omisiones negligentes de los médicos tratantes, incluso en su autopsia y embalsamamiento.

El líder que no fue anticomunista

La resolución del juez Madrid establece en sus considerandos, como un hecho de la causa, que el liderazgo de Eduardo Frei Montalva en la oposición era avasallador y un problema para el gobierno. La creación de una unidad especial de seguimiento de personeros de la DC (proscritos los partidos políticos) y la infiltración de sus círculos cercanos son hechos reconocidos en distinto nivel. El ex ministro del Interior de la época, Sergio Fernández, matizó esa política de vigilancia, declarando que únicamente se le facilitaron elementos de seguridad para actos determinados, como el del Teatro Caupolicán.

Ese 27 de agosto de 1980 fijó el punto de resurgimiento de Frei como un líder de toda la oposición —desde miristas hasta democratacristianos— que tras siete años de inmovilismo político lograban reagruparse. No estaba únicamente en contra de una Constitución a la que llamó ilegítima, sino rechazaba un régimen dictatorial que conculcaba los DD.HH. Así, durante 1981 las fuerzas políticas y gremiales se unieron, generando expectación y solidaridad mundial.

Con el paso de los años, el fantasma del anticomunismo de Frei Montalva como justificación a su complacencia con el golpe de Estado y su supuesta cercanía con la dictadura ya no resulta creíble. La sobreexpuesta carta a Mariano Rumor, ex premier italiano y DC, presidente de la Unión Internacional Demócrata Cristiana, fechada el 8 de noviembre de 1973, no implica defensa alguna de las fuerzas golpistas y de la Junta Militar. Una extensa misiva donde explica el deterioro del ejercicio de la política parlamentaria y gubernamental, el descontrol de ciertas áreas económicas y la polarización de la población. Un discurso muy distante del orden impuesto bajo la bayoneta y la represión criminal, sobre todo cuando sus queridos camaradas en Italia padecían los embates de la estrategia de la tensión: el terrorismo de derechas y de izquierdas fomentado por las infiltraciones de la CIA. Ello, pues ya en 1970, mientras Tomic era candidato presidencial, en Italia se pensaba que figuras como Aldo Moro eran demasiado pro comunistas, misma idea que motivó su ejecución en mayo de 1978, convirtiéndose en el caso más doloroso para la política italiana y que todavía no tiene culpables.

Una larga vida política de respeto a las fuerzas de izquierda y de profundo rechazo al fascismo italiano, a las ideas del Tercer Reich, al caudillismo nacionalista de Franco y al rexismo belga preceden el relato de Frei Montalva. Su renuncia en 1946, mientras era militante de la Falange Nacional y ministro de Obras Públicas de Juan Antonio Ríos, a causa de la represión con resultado de muerte de tres dirigentes obreros, entre ellos Ramona Parra, se convierte en una potente señal de respeto por las fuerzas sociales. Mucho se recuerda uno de sus más famosos discursos en  las universidades que formaron parte de su gira a EE.UU en 1963, donde afirma: «Los anticomunistas del miedo, del ‘orden’, de la fuerza están condenados al fracaso y están en permanente retirada. No tienen nada que decirle ni a la juventud ni al pueblo. De ahí la frustración de regímenes creados para imponer el orden. Fundar, por ejemplo, toda una política en el concepto de la libre empresa es un absurdo. Eso no le llena el alma ni la inteligencia a nadie».

Fue la DC la que en 1957 contribuyó a la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia que proscribía al Partido Comunista y fue su gobierno el que reanudó relaciones con Rusia y los demás países socialistas. Esa apertura despertó las críticas de la derecha chilena, española y de sus pares alemanes. Los mismos que le trataron de blandengue, indeciso y oportunista cuando se alejaba del ‘modelo del ordoliberalismo’, la receta de Ludwig Erhard para el milagro alemán en los 60. Sin embargo, la opción por esa vía económica propia le permitió ser alabado por Jacques Maritain, quien en 1965 en una carta a un académico español, decía: «La tentativa del presidente Frei, en Chile, me parece tener una importancia histórica de primera magnitud para el mundo entero. ¡Que pueda superar todos los obstáculos que el diablo no dejará de oponerle¡ Es la primera vez, desde hace siglos, que se ve surgir en la historia, una política auténtica y realmente cristiana (y por lo tanto, revolucionaria en el sentido de que la entiende el Dr Frei). Es un acontecimiento de un alcance incalculable».

Tragedia gota a gota

La muerte de Frei Montalva a los 71 años de edad fue una estocada al movimiento opositor y con los años se reconocería como el primer magnicidio de nuestra historia. Una operación silenciosa, metódica y dosificada. Gota a gota, procedimiento tras procedimiento, cada una de sus cuatro operaciones sirvió para la acción de envenenamiento y consecuente omisión negligente de sus médicos. La clínica fue el escenario del crimen donde letales químicos debilitaron su sistema inmunológico.

Con el arribo de la democracia, las investigaciones periodísticas se anticiparon al cauce judicial. La sospecha que abrigaba la familia sobre el centro médico, un brazo más de la red de inteligencia, espionaje, infiltración y mentira del régimen de Pinochet, tardó años en convertirse en una querella criminal admisible por tribunales. Entre los distintos autores que han investigado el caso Frei y sus secuelas, aportando con información fidedigna y sistematizando los intrincados vínculos de corrupción y ocultamiento entre los ex agentes, está Jorge Molina. Gracias a su extensa y documentada investigación en el libro ‘Crimen Imperfecto’ (Lom, 2002), el hilo conductor llega hasta Eugenio Berríos, el temible químico de la DINA y los laboratorios bacteriológicos que financiaba la entidad.

La causa sustanciada por el ministro Alejandro Madrid, coincidiría con varias de las conclusiones profusamente divulgadas por la prensa. Lo nuevo es la prueba pericial: las dos peritos encargadas concluyen que presentó exposición a Talio y MS (mostaza sulfúrica), en los últimos tres meses previos a su fallecimiento. Una exposición por vía endovenosa a dosis bajas y con potenciación de dosis de transfer factor, producto no comercializable por los efectos secundarios nocivos en pacientes en el estado de Frei Montalva, pues facilitan la aparición de bacterias oportunistas como las denominadas “proteus vulgaris” y “candida albicans”

Así, los hechos acaecidos entre el 18 de noviembre de 1981 y 22 de enero de 1982, periodo en el cual median cuatro intervenciones quirúrgicas, dieron por resultado el procesamiento de seis partícipes en el homicidio. Entre sus autores estarían Luis Becerra, chofer de Frei; Raúl Lillo, agente de espionaje, (ambos informantes de la Dina y miembros de la unidad de especial de seguimiento contra la DC); y Patricio Silva Garín, el médico militar que fue su subsecretario, enlace con los insurrectos del Tacnazo y facultativo de la Clínica London, perteneciente a la Dina. Respecto de quienes practicaron la autopsia de modo negligente, los médicos Helmar Rosenberg y Sergio González B., fueron procesados como encubridores y como cómplice del envenenamiento, el agente Pedro Valdivia S.

No obstante el 18 de diciembre de 2009, la Octava Sala de la Corte de Apelaciones dejó sin efecto —por voto unánime— los procesamientos en contra de Patricio Silva Garín y Pedro Valdivia, por considerar que no se reunían los requisitos de participación criminal.

En el último trienio diversos hallazgos y pruebas han abierto otras aristas de la investigación. El descubrimiento de la existencia del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército y la fabricación de diversas sustancias venenosas como las usadas en el caso Frei durante 1981, así como la muerte de algunos miristas en la misma fecha y bajo iguales circunstancias, permitirán esclarecer la verdad del factor Berríos y el mando que ordenó la acción.

El magnicidio de Frei, todavía sin culpables, duele y remece la conciencia de Chile, pues se trataba de uno de sus líderes más lúcidos del siglo veinte. Un hombre que amaba a su tierra y su gente, con un profundo talante revolucionario y cristiano, alguien que admiraba a su pueblo como la copia feliz del Edén. Un católico convencido de la justicia social, pero tolerante y preocupado por el desarrollo de los más pobres.

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El magnicidio de Eduardo Frei Montalva

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