HISTORICO-Cuba-EEUU-Castro-Obama

El 17 de diciembre pasado Barak Obama y Raúl Castro abrieron un nuevo flanco de juego en las inversiones internacionales cuyos efectos no pueden ser vistos bajo el demodé prisma de la Guerra Fría. Al contrario. Transcurridos 25 años desde la caída de los socialismos reales y 53 desde el fin de las relaciones entre ambos países, este acuerdo es la prueba más fidedigna de que el revisionismo cubano se ha tomado en serio una promesa castrista: convertir a La Habana en la capital de la nueva Singapur de América.

Así, ni la épica de Sierra Maestra ni las conspiraciones de Topaz, o los titulares sobre la caída del último mito marxista —gracias al colonialismo demócrata—, tienen cabida en el discurso oficial. Ahora, las libertades políticas deberán supeditarse, ya no a la responsabilidad social pre delictiva, sino a la estrategia de la segunda revolución en marcha: la de la libre competencia.

Sin duda, el golpe mediático es más relevante que la viabilidad jurídica del levantamiento del embargo o el anhelo de la reconstrucción democrática, que incluya a los sectores de centro y de derecha en Cuba. Es decir, el itinerario democrático al que alude Obama no tiene límites definidos, como sí los posee su tesis de ‘un nuevo enfoque’ de política exterior hacia la isla, la cual sólo necesita de su firma en un decreto. En efecto, las medidas anunciadas integran las facultades autónomas de su Presidencia y no precisan del voto parlamentario, en especial porque el debate está dominado por los republicanos. Ergo, deja en libertad al régimen castrista para definir si opta por el camino de una transición política pactada —como en Polonia o en Chile— o por la continuidad revisionista más moderada y tutelada por la ONU.

La audacia del mensaje televisado, en forma simultánea y en cadena global, radica en haber dado una señal cierta: EE.UU redefine su protagonismo y compite con China, Rusia y los multimillonarios árabes por los activos de Cuba. Obama, por tanto, no requiere una intervención militar ni orquestar las políticas de ‘shock’ para asegurar que ‘todos somos americanos’. Al fin y al cabo, el paradigma asiático —que ha deslucido cualquier evocación socialista— es un triunfo del neoliberalismo.

http://www.diarioconcepcion.cl/ (pág. 2)

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