Jacques Maritain

La visión personalista irrumpió en la política internacional como una revolución jurídica: la doctrina universal de los derechos humanos. En sus vertientes laica y humanista cristiana —más allá de la ley natural y la moral religiosa— sería la dignidad de las personas el bien jurídico protegido para frenar las atrocidades que marcaron la historia de las cuatro primeras décadas del siglo XX. Las guerras mundiales, los totalitarismos, la persecución y ejecución masiva de armenios, beduinos de Libia, chinos cristianos, gitanos y judíos, no podrían ser exhibidos nunca más como el triunfo de un Estado poderoso.

Fue así que el 10 de diciembre de 1948 se inició la construcción de un sistema global de prerrogativas fundamentales, cuya defensa hoy es incuestionable. Ese día, la tercera Asamblea General de la ONU aprobó por 48 votos —de un total de 58— un texto que, si bien no era vinculante, reconocía expresamente el primer catálogo de derechos civiles, políticos, económicos y sociales. Su elaboración provino de la comisión permanente de derechos humanos designada por el Consejo Económico y Social, la cual reunió a los activistas, juristas y filósofos más connotados de la época. Con la presidencia de Eleanor Roosevelt y la redacción, entre otros, de René Cassin, Peng Ch. Chang y Charles Malik —además del chileno Hernán Santa Cruz—, las tesis sobre la universalidad planteadas finalmente en su articulado, surgieron asimismo de un panel de expertos de la Unesco. Dicha instancia fue encabezada por un renovado Jacques Maritain, inspirador de los partidos demócratas cristianos occidentales y falangismos de Medio Oriente, para quien las distintas religiones y las teocracias, como el Vaticano, también debían ceder a un orden jurídico universal.

Actualmente, ese humanismo interreligioso —basado ahora en Hans Küng—, sigue legitimando las doctrinas sobre la justicia internacional y humanitaria, así como las prerrogativas de última generación. Tanto, que la discusión de las políticas públicas con enfoque de derechos garantizados o los modelos sociales de derecho de la empresa, como el de las inversiones internacionales, tienen por fundamento el respeto de los DD.HH. Ese es el legado de diciembre de 1948.

http://www.diarioconcepcion.cl/ (pág. 2)

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