Juicios de Núremberg
Realizados entre el 20 de Noviembre de 1945 y el 1 de Agosto de 1946, en el Palacio de Justicia de Núremberg, su instauración ad-hoc por los Aliados aún despierta críticas. Se trata del primer caso masivo de aplicación de justicia criminal internacional y un punto de inflexión en la historia de los DD.HH. De 4850 peticiones de procesamientos individuales sólo 600 derivaron en acusaciones admitidas a tramitación y un tercio fue sancionado con pena efectiva: ejecución en la horca o presidio. En tales procesamientos los delitos imputados fueron pioneros en su interpretación y argumentación doctrinaria: crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y guerra de agresión.

Noviembre de 1945 no fue sólo el comienzo de los juzgamientos por crímenes de lesa humanidad y genocidio en contra de la cúpula Nazi, sino un hecho fundacional para la justicia de derechos humanos. Largo camino que, sólo a partir del Estatuto de Roma de 1998, estableció un sistema permanente radicado en la Corte Penal Internacional y un extenso catálogo de delitos que incluye los crímenes de guerra. Una jurisdicción que debiere proceder cada vez que el Estado y los gobiernos procuren una lacerante impunidad a quienes transgreden las mínimas prerrogativas fundamentales. Precisamente, su legitimidad impera allí donde la política y la judicatura han anulado al derecho.

Hoy, pese a la ratificación masiva del tratado, la aplicación de dicha justicia parece débil. Las atrocidades de la guerra en Siria, el terrorismo de Estado Islámico, el asedio de Israel sobre Gaza, o la represión política en China, son ejemplos de atentados flagrantes que nos dejan en la perplejidad y la indefensión.

Por eso, algunos líderes de la diplomacia humanitaria plantean una reforma basada en los principios más aceptados de los juicios de Núremberg y de los procesos del Tribunal Russell. Primero, respecto a integrar las normas de reparación efectiva de las víctimas y el derecho a la memoria con las de sanción criminal y el seguimiento especializado de sus efectos en el Estado involucrado. Segundo, en cuanto a proceder con mayor inmediatez a través de informes prejudiciales, y, tercero, integrando un jurado compuesto por intelectuales y defensores de los DD.HH. que no pertenezcan a la judicatura oficial.

En efecto, Núremberg —criticada como la justicia de los vencedores—, pese a mostrar los vicios de una solución política, abrió el debate mundial sobre la tipificación de los horrores de la guerra antisemita y el totalitarismo. En tanto, el Tribunal Russell-Sartré, conformado en 1966 para investigar y denunciar los crímenes de EE.UU contra Vietnam —y las sucesivas versiones— fue una instancia pionera de integración de jurados no especializados en derecho, pero sí en filosofía, sociología y otras ramas auxiliares, que sentaron las bases de una nueva mirada: la justicia transicional.

http://www.diarioconcepcion.cl/

Anuncios