Joshua Wong

Joshua Wong, estudiante cristiano de 17 años de edad, es la voz más joven de las protestas que desde septiembre se han tomado el centro de Hong Kong. Aunque hay otras organizaciones convocantes, su liderazgo es incontrarrestable. Durante un trienio ha estado a la cabeza del consejo estudiantil, denominado Scholarism, logrando reunir a miles de adolescentes que piden una democracia directa y efectiva. Y, pese a que la última mesa de negociaciones con el Ejecutivo se ha cerrado, no temen las represalias del gobierno de Pekín. Afirman que la suya será una larga lucha de reconocimiento por una sociedad de derechos y libertades.

La mayoría de los movilizados es primera generación en asistir a la universidad: desde Essex hasta el MIT los esperan. Hablan varios idiomas, son humanistas cristianos y participan de organismos internacionales de defensa de los derechos humanos. Allí, donde la ‘revolución de los paraguas’ emerge como una evocación al clamor de las víctimas de la masacre de Tiananmen, el debate político ofrece un nuevo paradigma de diálogo social.

No está en juego sólo la dimisión del jefe de Gobierno o el retiro de la reforma electoral que restringe el número de candidatos a dicha magistratura, según el acuerdo del Comité partidario. Es el revisionismo, ese paradigma occidental del neoliberalismo y su adaptación a la economía de la precariedad laboral, junto a la represión y la desmovilización política, lo que se busca erradicar. Su fortaleza queda al descubierto por completo en la nueva estrategia de emergencia que ha desplegado el Partido Comunista para aplacarlos: nunca antes vieron peligrar tanto los cerrojos que sostienen la tiranía.

Desde 1999, cuando terminó el protectorado británico y se convirtió en una provincia administrativa independiente, Hong Kong ha visto traicionadas sus aspiraciones de autodeterminación a cambio de libertad aduanera y de fronteras. Una forma de gobierno que además divide a su propia nación entre las regiones pobres y ricas, perpetuando una vergonzante concentración de capitales en la elite del temido único partido.

Por eso, algunos analistas piensan que un caballo de Troya se construye en dicha región y podría tomar el tren a Shénzhen.

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/10/14/#2/z

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