Terrorismo transfronterizo

La decapitación de James Foley, periodista norteamericano secuestrado en Siria, ha reorientado el debate sobre el terrorismo transfronterizo y la sanción efectiva a los crímenes de lesa humanidad que han enlutado la Primavera Árabe. Ese 19 de agosto, un golpe mediático, propio del cine que hipervisualiza la barbarie de la guerra, irrumpió en los foros diplomáticos: el video con la ejecución y la arenga yidahista en contra de EE.UU por parte de un emisario de Estado Islámico. No es sólo el fin de la era de los sheiks, del imperialismo occidental o del retorno de Alá, sino la reestructuración de la geopolítica del terror religioso y el control de los hidrocarburos de la zona.

Tras el horror de los ataques de Al Qaeda el 11 de septiembre del 2001, la Estrategia Global contra el Terrorismo desplegada por Naciones Unidas, aún no surte efectos. No existe consenso sobre la justiciabilidad de los delitos asociados a las agrupaciones terroristas; menos un control a los abusos estatales en el comercio de armas, o sobre las finanzas que sostienen sus ejércitos.

La imagen nítida del verdugo, émulo de Saladino, su acento inglés en una prédica símil a la música rap, y el padecimiento de la víctima, han coronado este último trienio de propaganda terrorista con vocación de fenómeno televisivo. El repudio, o una paradójica apología, a las filmaciones de actos brutales en Siria, en Irak y en Gaza, dan cuenta de una polarización ciudadana —más allá de las religiones— cuyos intereses y reproches el derecho penal internacional mantiene en el limbo de la indefensión.

Estado Islámico surgió hace una década y ha encontrado en sus milicianos europeos —primera generación musulmana y pertenecientes a las clases populares urbanas— un relato épico del siglo VIII. La reciente fundación del Califato de Irak y el Levante bajo el signo chiíta y el fin de los límites de Sykés-Picot, o el sueño del restablecimiento de los califatos de Damasco y Córdoba, son amenazas que han llevado al Consejo de Seguridad de la ONU a replantear la doctrina de la responsabilidad internacional de proteger. Tanto, que será el presidente Obama quien dirija la sesión especial del próximo mes. Allí estará representado Chile y, por ello, es hora de debatir.

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/08/26/#2

Anuncios