LIBERTAD RELIGIOSA

Informe sobre la “libertad religiosa” en el mundo del año 2011 elaborado por Canadian International Council en base a un Informe Pew del mismo año, cuyo contenido se puede encontrar en http://www.pewforum.org/2011/08/09/rising-restrictions-on-religion2/

Tras el genocidio judío a manos del régimen del Tercer Reich, la libertad de culto o religiosa adquiere un nuevo sentido respecto al rol del Estado laico en su protección y garantía. La Declaración Universal de Derechos Humanos y otros instrumentos de la ONU, así como la designación en 1986 de un Relator Especial para velar por su cumplimiento y persecución criminal, han redefinido sus límites y vinculaciones a otras prerrogativas fundamentales. Sea bajo una moderna democracia liberal o una teocracia, esta libertad no sólo es individual, sino que colectiva y evoluciona hacia un derecho de última generación.

Incluso si es limitada o conculcada, toda acción del aparato gubernamental en esa línea puede constituir un crimen de lesa humanidad. Profesar o no una religión, ser agnóstico o ateo es una libertad esencial en el diálogo democrático y base de las sociedades modernas. Desde las minorías étnicas con creencias milenarias hasta los cultos paganos, pasando por las prácticas reflexivas precristianas y neocristianas, este derecho humano tiene una vocación ecuménica. Su valor político reside, más allá del poder de las iglesias, en el profundo respeto a la dignidad de la persona. Ni la condición social, moral o física ni la opción por un género determinado—sea o no el de su nacimiento— se admiten en el derecho como una limitante para su ejercicio. Aunque, ese debate recién comienza a abordarse y, si bien han quedado atrás las inquisiciones en Occidente, en otros casos los excesos del derecho penal del enemigo basado en la religión perduran.

La crucifixión de Cristo bajo un proceso acorde a su época y el pragmatismo de Poncio Pilatos aplicando el indulto popular, hoy nos parecen una barbarie. La misma que predomina en la presente geopolítica religiosa, cuyos horrores son justiciables ante la Corte Penal Internacional: el conflicto en el Tibet; la persecución budista contra musulmanes en Myanmar; el imperio de la Sharia en Irán, Yemen o Arabia Saudita; la persecución a sunitas en Siria; y, el asedio sistemático israelí sobre Gaza. Hace 2.000 años esa libertad era precaria. Ahora su valor universal y defensa dependen de nuestra sociedad política. Sean cristianos, hebreos, musulmanes u otros credos los que están en pugna o en indefensión —en Chile o en países distantes al nuestro—, dicha libertad importa a todos.

Publicado en Diario de Concepción, Chile, 15 de abril del 2014 (http://www.diarioconcepcion.cl/2014/04/15/#2/z)

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