ADOLFO SUÁREZ GONZÁLEZ

Fotografía colección oficial del Museo Adolfo Suárez González, usada para la creación de un sello postal en noviembre del 2013, España

Fue el primer Presidente democrático de España y su gobierno lideró una transición que se transformó en paradigma de diálogo para todo el mundo. Entonces, su figura devino en ícono de la transición pactada, fuese en Chile, Checoslovaquia o Polonia. Sus acercamientos a Yasser Arafat, Fidel Castro y Andwar Saddat le significaron la crítica despiadada de los sectores conservadores de su país, la antipatía del gobierno de turno de EE.UU y el alejamiento de parte de la Democracia Cristiana Internacional. Sin embargo, ello no provocó merma alguna en las ayudas a las universidades españolas, las cuales becaron a miles de jóvenes latinoamericanos, incluyendo chilenos, que buscaron un mejor futuro, lejos de las dictaduras militares.

Su historia personal es la de un joven de Ávila, profundamente católico y solidario que, abrumado en la pobreza, logra —tras muchos años— convertirse en abogado. En lo político, fue tempranamente un dirigente falangista que pasó a liderar la exitosa ‘Unión de Centro Democrático’, coalición que alcanzó altas mayorías en las primeras elecciones parlamentarias y municipales de 1976. Las primeras leyes democráticas, las reformas económicas, la justicia transicional y la Constitución de 1978 forman parte de su legado, sin contar medidas controvertidas, como el abandono definitivo de la colonia del Sahara Occidental, cuyos efectos todavía son condenados políticamente por la ONU. Con todo, el suyo es, hasta ahora, un camino envidiado incluso por sus pares de mejor posición social.

Gobernó cuatro años y siete meses, afrontando dos intentos de golpe de Estado: la denominada «Operación Galaxia» en noviembre de 1978, y el asalto al Congreso —encabezado por el coronel Tejero— el 23 de febrero de 1981. En aquel tiempo, la incipiente democracia padecía una fragilidad similar a la que sufrió Chile durante el gobierno de Patricio Aylwin.

Hace unas horas, su hijo mayor ha anunciado ‘un inminente desenlace fatal’, generando expectación y tristeza entre quienes le admiran. Sobre todo, porque su carrera estuvo repleta de golpes y rodeada por los personalismos de derechas de sus aliados.

Hoy recordar su carrera, pese a las traiciones y la soledad de la búsqueda del poder, reanima una esperanza de otoño: el respeto al diálogo democrático sí contribuye a la justicia y a los DD.HH. Aunque esas conquistas, propias de las luchas de reconocimiento, no sean consideradas valiosas por nuestra generación, sino por las venideras.

Muchos citan en las redes sociales una de sus últimas entrevistas en el 2003, cuando —con el buen humor y mesura que siempre le han caracterizado— afirmó que, asumiendo los sinsabores de la vida, su objetivo había sido pasar a la ‘Historia’ con mayúscula y que su canción favorita para estas remembranzas (de pérdidas y victorias) era ‘Resistiré’ del Duo Dinámico.

Para algunos democratacristianos, el testimonio de Suárez vale más que el cursus honorum de tantos otros que gozan de la simpatía de los medios, anteponiendo sus valores personales y las relaciones económicas al humanismo cristiano, por esencia liberalizador, misericorde y comprometido con la justicia social, ya en Chile o en el resto del mundo.

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