NEOSECESIÓN

El debate sobre la legitimidad y la legalidad del referéndum de Crimea ha evidenciado una corriente secesionista que cruza la política de varios estados. En juego no están sólo la reivindicación de derechos fundamentales de minorías étnicas, ni la emergencia de movimientos nacionalistas, sino la gobernabilidad de países cuyas democracias eran casi incuestionables. Y ésta es la diferencia con los secesionistas de hace dos siglos. La presente crisis de la eurozona, la Primavera Árabe y el refortalecimiento de potencias liberales como Rusia, China y los emiratos árabes han contribuido a este neosecesionismo.

Dicho fenómeno, en su carácter de estrategia autonomista o como prerrogativa política fundamental dentro de una estructura federada, es distinto al derecho de autodeterminación y de los procesos de independencia de los estados. Sin embargo, parece confundirse por una doctrina interesada en asentar las bases de autonomía total de ciertos pueblos para alcanzar su máximo desarrollo económico, incluso prescindiendo de la normativa de la ONU y de los instrumentos universales de defensa de los DD.HH.

Ello pone en peligro la paz universal, pues nos retrotrae a la Guerra Fría, cuando los ejercicios militares derivaban en anexiones prosoviéticas o en intervenciones norteamericanas. Crimea es el paradigma de un conflicto entre la conservadora doctrina de Putin y las modernas tesis de integración que propugnan una reactualización de las sociedades de derechos garantizados. Así, fuera de su propia Constitución y en contra del ordenamiento de Ucrania —país al que fue anexada hace décadas—, Crimea busca la adhesión a Rusia, abriendo una disputa en el seno de Europa y de la ONU. Petróleo, democracia y gobernabilidad son los conceptos que definen este trance. Un secesionismo que recorre el mundo.

La Generalitat catalana ha afirmado que es casi inevitable la declaración unilateral de autonomía. El Véneto, en Italia, celebra durante esta semana un referéndum electrónico y voluntario por su independencia. Escocia prepara su propia vía para alcanzar la autonomía del Reino Unido, y las autoridades libias de Bengasi insisten en separarse del resto del país.

Chile, deberá prepararse para debatir sobre el pueblo mapuche y su autodeterminación como DD.HH., lejos del fragor secesionista.

*Diario de Concepción, martes 18 de marzo del 2014

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