SHARON

Sharon a la derecha, guerra de 1973

Encanto, nombre de la llanura de Israel famosa por su fertilidad en tiempos bíblicos. Ese es el significado de Sharon, una imagen de vitalidad y comunión religiosa que contraría el legado del recientemente fallecido Ariel Sharon. Militar y político israelí, cuya vida y doctrina expansionista están unidas a la historia de la derecha más controvertida de su país y del Medio Oriente. Un paradigma de militarismo político capaz de desdeñar al mismo derecho internacional que sustentó la creación del Estado de Israel y que ha despertado la crítica de las generaciones post holocausto.

Entre las décadas del 50 y 80, Sharon tuvo una intensa carrera de operador y estratega militar vinculada a ataques y ejecuciones ilegítimas de civiles, a las guerras contra Egipto y al persistente propósito —ya como ministro— de evitar la creación del Estado Palestino. Beduinos, libaneses de Hezbollá, chiitas, iraníes, egipcios o cualquiera que defendiera el derecho de la nación palestina a su propia soberanía y autodeterminación, eran sus enemigos. Sin embargo, sus relaciones criminales con falangistas libaneses y terroristas antimusulmanes nunca fueron investigadas a cabalidad.

Ese militarismo se extendió a la ‘arquitectura de los asentamientos’ con los que ocupó la Cisjordania y otras regiones desde los años 60 hasta ahora. Primero con viviendas sociales para los israelíes más pobres del mundo rural y luego con villas de lujo para los estratos más altos. En 1993, su plan de fortalecer las fronteras de Israel dividiendo territorialmente a los palestinos se tornó una triste evocación del peor asedio nazi. En el 2000, reapareció en el gobierno no sólo aumentando el encierro militar de los refugiados y controlando los servicios básicos en la franja de Gaza, sino que construyendo un gran muro de separación, lo que fue sancionado por la ONU.

El retiro unilateral de asentamientos problemáticos, su alejamiento del partido Likud y la fundación del Kadima, una nueva fuerza de centroderecha, fueron vistas como señales de un profundo cambio en sus convicciones. Sin embargo, el bulldozer Sharon, será tristemente recordado por la doctrina del ‘politicidio palestino’: la devastación moral de un pueblo que tiene el legítimo derecho a ser Estado, el mismo que tuvo su querido Israel.

*Publicado en Diario de Concepción, martes 14 de enero del 2014

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