El giro de Merkel

Durante los últimos meses, la Alemania de Merkel, cuna de la economía social de mercado y el empleo protegido, nos ha mostrado una cara distinta: la precariedad laboral como base de las políticas de crecimiento. Denuncias en sectores altamente industrializados, otrora pioneros del cumplimiento del derecho del trabajo y la negociación colectiva, sustentan la crítica a este nuevo modelo impuesto por la Agenda 2010  y  el sello merkeliano. Por eso, dando un giro a su criticada línea continuista, la Canciller ahora apuesta por un acuerdo de gobierno entre la CDU y la Social Democracia centrado en implementar protecciones a los trabajadores a cambio, entre otros, de no subir los impuestos.

De estas medidas, la fijación por primera vez de un sueldo mínimo interprofesional de 8,5 euros la hora (1.360 al mes, jornada completa), sin distinción de nacionalidad del trabajador, —exigencia socialdemócrata— es la que mayor debate genera. Su establecimiento por ley hacia el año 2015, sin especificar aún sanciones a los infractores que subcontratan, y su aplicación voluntaria en el intertanto provocan suspicacia. En cambio, los sectores liberales rechazan su imposición: Deutsche Bank sostiene que se perderán entre 430 mil y un millón de puestos de trabajo sólo en el próximo bienio, además de imposibilitar el reemplazo por extranjeros, minando el pleno empleo y las Pymes.

Algunas encuestas coinciden en que cerca del 80% de la población apoya la medida, razón por la cual llaman a la CDU el nuevo partido populista. Sin embargo, más allá de las ‘rectificaciones del modelo’, hoy los sueldos bajos repletan los competitivos sectores de servicios y agroindustria, con cifras muy por debajo del mínimo propuesto. Así, el 51% de la fuerza laboral gana un minisalario para una jornada completa, realidad que cruza a toda Alemania: el 15% de los trabajadores en el Oeste percibe menos de 8,5 euros, mientras en el Este dicho segmento alcanza al 27%.

El futuro gobierno y la suerte de este acuerdo aún no están definidos. Falta su ratificación por los militantes de la Social Democracia, aunque muchos admiten que el pragmático giro de Merkel podrá restablecer —aunque en nuestra conocida ‘medida de lo posible’— la dignidad del trabajo.

* Publicado por Diario de Concepción, sábado 7 de diciembre, pág 2 (también en versión on line)

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