El uso de los drones

 “El cielo estaba intensamente azul y despejado. De pronto todo comenzó a oscurecer. El ruido que cruzaba el aire, ya característico en el lugar, se hizo más intenso. En segundos, un aparato semejante a un avión de aeromodelismo, se precipitó a tierra emitiendo un fuerte zumbido. Cayó en mitad de un pequeño huerto, destruyendo a su paso la paz de una familia campesina: la abuela estaba muerta y sus 7 nietos gravemente heridos, justo en la víspera de la fiesta Eid Venir”.

Este fue el ataque de un ‘Predator’ sufrido por Nabila y sus hermanos, el 2012, en la zona rural de Waziristan del Norte, bastión pakistaní y refugio clandestino del movimiento Talibán y de Al Qaeda. En el último decenio, historias como ésta se repiten también en Yemen y Afganistán, con un saldo de ejecuciones accidentales de civiles —daños colaterales— que alcanzan a miles. Se trata de acciones militares norteamericanas apoyadas en la eficacia de los drones, vehículos no tripulados de combate aéreo, que poseen inteligencia artificial para despegar, volar, aterrizar automáticamente e identificar objetivos para su eliminación. Todo controlado vía satélite por la CIA y amparado en el Tratado de Cielos Abiertos y el combate al terrorismo islamista.

La presentación de nuevos prototipos de alto poder de fuego para defensa (Reino Unido y EE.UU), equipados incluso con antimisiles, y la falta de regulación internacional sobre su uso y comercio preocupan a organismos de DD.HH. y la ONU. Las denuncias por crímenes de guerra derivadas de ejecuciones selectivas y arbitrarias, y la devastación innecesaria de poblados, son criticadas por sus defensores. Estos arguyen que la responsabilidad penal —nacional o internacional— es inaplicable cuando no hay control humano a bordo.

Actualmente se calcula que 80 países poseen drones y 11 son latinoamericanos, con Brasil liderando en tecnología y regulación. Muchos los usan en la industria agrícola o con fines de seguridad ciudadana y contra el narcotráfico. Ahora Chile, que aún no posee drones militares, tiene la oportunidad de promover su regulación para fines civiles y de defensa en el Consejo de Seguridad de la ONU, terminando con la impunidad en materia de DD.HH. y previniendo conflictos con sus vecinos.

* Publicado por Diario de Concepción, martes 5 de noviembre (también en versión on-line)

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