La realpolitik de la ONU

Durante las últimas dos décadas se ha fortalecido el discurso sobre la urgencia de reformar la ONU, en especial, ante la manifiesta debilidad de sus esfuerzos por alcanzar una mayor gobernanza mundial. 

Varios factores políticos contribuyen a ello. Por un lado, el desequilibrio de poder entre las naciones y, por otro, la persistencia de las atrocidades de las guerras, la trasnacionalización del terrorismo, las crisis humanitarias y, ahora, las ecológicas. Un nuevo orden mundial emerge, con las BRICs y los multimillonarios emiratos árabes liderando iniciativas continentales, interviniendo en gobiernos o comprando la deuda externa de ciertos países, lo que cambia el escenario bipolar de posguerra, tiempo en el que nació la ONU en 1945. En esta anquilosada estructura normativa  es el Consejo de Seguridad, vigente sin cambio alguno desde 1949, entre todos sus órganos, el más poderoso. No sólo vela por la Seguridad y la Paz Mundial, sino que debe prevenir conflictos y agresiones entre Estados, defender los DD.HH, y conducir los quiebres institucionales. Su poder de imperio es incontrarrestable: sus resoluciones obligan a todos los Estados, puede intervenir con misiones de paz o militarmente, e incluso remitir competencia a la Corte Penal Internacional en materia de crímenes de lesa humanidad y de guerra.

Conformado por 15 miembros, 5 permanentes con derecho de veto y 10 no permanentes que se eligen cada dos años, es la cuna de la realpolitik dentro de la ONU. Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia, como miembros permanentes, tutelan la democracia de las votaciones. Las cuestiones de fondo requieren la mayoría calificada de 9 miembros no permanentes y la unanimidad de las 5 potencias. Ello conduce al inmovilismo e irresolución en algunos casos, como en la ex Yugoslavia o Siria, y en otros a los excesos, como en Irak, Afganistán o Libia.

El próximo 27 de octubre se espera se apruebe a Chile como miembro no permanente para el bienio 2014-2015. Será la quinta vez que participa, siendo su negativa a la intervención en Irak por la sospecha de las armas de destrucción masiva, en el 2003, la mejor prueba de que aspira a un orden más equitativo. Estamos ad portas de un nuevo debate sobre la gobernanza mundial que deseamos, donde al menos tenemos derecho a voz y voto.

* Publicado por Diario de Concepción, martes 8 de octubre, pág.2 (también en versión on-line)

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