BIN LADEN, BOSTON Y EL MERCADO DE LA PERSECUCIÓN TERRORISTA

Atentado en la maratón de Boston, 15 de abril de 2013

La transnacionalización del terrorismo nada tiene que ver con los movimientos migratorios. Crímenes como los cometidos por los chechenos, quienes llegaron como refugiados a EE.UU., no auguran en absoluto una oleada terrorista en contra del sueño americano, como algunos denuncian. Al contrario. Las fronteras para el terrorismo hoy están diluidas. Tanto como los espacios aéreos que un dron puede cruzar para una ejecución preventiva y selectiva, ya de un nacional norteamericano en otro Estado, ya de un supuesto terrorista foráneo.

El pasado lunes 15 abril, faltando sólo dos semanas para el tercer aniversario de la ejecución de Bin Laden, el caso de las bombas detonadas en la maratón de Boston ha traído de regreso el fantasma del terrorismo anti-EE.UU. y, con ello, ha provocado un punto de inflexión en la coyuntura norteamericana. Durante el mes previo al ataque, el debate parlamentario y judicial ha enfrentado duramente al presidente Obama con republicanos y demócratas, debido, entre otras razones, a su férrea voluntad de ampliar los poderes de la CÍA. A la vez, la discusión se encontraba —y aún se encuentra— polarizada en torno a cuatro temas de alta popularidad electoral: la reforma del mercado de armas, la reforma de migraciones, las críticas al uso de misiles teledirigidos para “ejecuciones selectivas y preventivas”; y, los procesos de justicia militar sin formulación de cargos a más de 100 presuntos terroristas en Guantánamo.

El devenir de estos asuntos puede significar un cambio en el rumbo histórico que alguna vez prometió Obama. A lo menos en dos ámbitos: el fin del derecho penal del enemigo y un nuevo modelo de mercado de armas. La situación es urgente, porque el país tiene todos los flancos abiertos y la ciudadanía está expectante. Los lastres heredados de los Bush y las vacilantes soluciones implementadas en los últimos 5 años, han develado que el peligro no proviene únicamente de las amenazas de Norcorea, Siria o Irán, sino también de la panacea del libre mercado de armas.

El Obama Power y los síntomas de la crítica popular previa a los ataques

Por estos días, dos campañas sociales exponen al escrutinio público de las redes de internet —las mismas que en el 2008 tanto gustaban del lema “Yes we can” (¿se podía?) de Obama— la errática conducción en estas materias.

Una es el rechazo a los oscarizados films “Argo” y “Zero Dark Thirty”. Ambos guiones evocan los éxitos de los demócratas y premios Nobel de la Paz, Jimmy Carter y Barak Obama, en Irán y Pakistán. El problema es que organismos de defensa de derechos humanos, como el Comité internacional contra la Tortura y personeros de la Cruz Roja Internacional, critican la apologética visión de la CIA, e incluso, la aceptación que hacen del binomio tortura y sospecha terrorista penalizada como herramientas de la política de defensa.

Otro, es la cobertura de la huelga de hambre de los presos en Guantánamo. Al punto que el día anterior a los ataques, The New York Times, irrumpe con una primicia: la publicación del testimonio de Samir al Hasan Moqbel, uno de los primeros detenidos post caída de las Torres Gemelas. Su caso y su liderazgo al interior del recinto, se develan en un amargo relato de los 11 años que ha permanecido detenido, gracias a un proceso militar en el que aún no le formulan cargos, violentando cualquier noción mínima del debido proceso.

Todo esto, en el marco de la conmemoración del tercer aniversario de la operación Jerónimo, la mejor credencial del poder autárquico con el cual EE.UU ejerce y aplica la justicia penal, incluso más allá de su territorio, usando la vía administrativa. Así ordenó la ejecución de Bin Laden, prescindiendo de tribunales, defensa, pruebas, condenas y reparación de las víctimas. Así selló la suerte del terrorista más buscado del mundo, en Abbotabad, Pakistán, la madrugada del 2 de mayo del 2010 y la elite de Al Qaeda todavía sobrevive sin ser enjuiciada.

Cuatro bombas artesanales y los lobos solitarios

Según la versión del FBI, el ataque contemplaba cuatro dispositivos de fabricación casera, es decir modestas ollas a presión, clavos y dinamita, activadas por vía telefónica, aunque sólo dos explotaron, cuando ya habían transcurrido más de 4 horas de iniciada la corrida y arribaban los últimos competidores. A los cerca de 200 heridos se suman tres muertos, entre ellos, un niño de ocho años.

Con el paso de los días, y sin que ningún grupo violentista se adjudicara su autoría, los nombres de los hermanos Tsarnaev, repletaron las noticias. Los jóvenes chechenos y musulmanes practicantes, fueron sindicados como los “ejecutores” de la operación y los efectivos del FBI llegaron el jueves de esa misma semana hasta su hogar, su centro de operaciones. El mayor, Damerlan, (26 años) supuesto autor intelectual y material de los atentados, resultó abatido. El menor, Dzhokhar, (19 años) estudiante de la Universidad Dartmouth de Massachusetts, fue detenido después, pero sus confesiones dejan abiertas más interrogantes. Se ha filtrado a la prensa, ya que aún no es sometido a proceso, por las heridas graves que tiene en el cuello —quizás intentó suicidarse, se especula— que su hermano era un lobo solitario.

Ciertamente, el terrorismo ha cambiado y los hermanos Tsarnaev, son parte de una nueva generación que se autorreconoce en la figura del lobo solitario. Su  batalla se libra en un mundo sin arraigo o refugios nacionales y su guerra se improvisa mientras se entrenan a través de algún videoblog o el Facebook. Sus consignas se exponen en un tuit y su objetivo no es el debilitamiento de la institucionalidad opresora sino la represalia fuera del derecho. Más vale ser admirado por sus pares y provocar la muerte de pocas personas que ser aborrecido por actos más deleznables. Su ideología puede ser variada: yidahistas, neonazis, defensores del Tibet y hasta fanáticos antiecuménicos. El mejor ejemplo de este fenómeno es el noruego Anders Breivik. Un neonazi e islamófobo que mató a 77 adolescentes, militantes de las juventudes socialistas, para descabezar a ese partido por el curso de tres décadas. Actuó sin ayuda, planificó su acción durante meses comprando arsenal de guerra y estuvo años amenazando con su “cruzada por la cristiandad”.

Sin embargo, nada menos cercano a los hermanos Tsarnaev. La precariedad de los medios usados, el menor poder de fuego, el bajo nivel de organización y un fin tan difuso como la reivindicación del “Islam global”, los mantiene en un nivel muy primario. Esto, porque, si bien ahora los gobiernos ruso y norteamericano reconocen haber investigado a Damerlan en el año 2011, nunca su perfil fue el de un terrorista. Ninguno de ellos lideraba iniciativas políticas, menos se decían yidahistas ni aspiraban a un resurgir del Islam o a controlar el Estado. Quizás, hay cierto nihilismo en su actuar, como lo dice Dzhokhar –el sobreviviente— en su último mensaje de Twitter la noche anterior al crimen: “Todos los días mueren 1 o 3 personas en Afganistán e Irak por bombas y nadie en EE.UU se preocupa”.

Por eso, la cautela ha prevalecido en el gobierno, garantizándose que el caso será llevado ante la justicia civil y no la militar, y que los cargos probablemente no sean por delito terrorista, pues ya se califica el hecho de “triple homicidio”. Ello anima a muchos a proponer una inmediata reforma legal que tipifique estas situaciones como nuevos delitos terroristas. Más todavía ante otros casos del año 2012, como la matanza del estreno de la última película de Batman o la tragedia de Newtown en diciembre pasado —la mayor matanza ocurrida en una escuela norteamericana—, donde un joven con síndrome de Asperger, dejó a 20 niños y 6 adultos muertos, tras un tiroteo y terminó suicidándose.

El libremercado de armas, los drones y la guerra teledirigida

La discusión de la reforma al mercado de armas ha generado una polémica que cruza a todos los sectores políticos y que actualmente se encuentra bloqueada en el Capitolio. La idea que los lobos solitarios actúan sobreseguro gracias al libre acceso a las armas de la más diversa naturaleza, ha motivado la reforma de Obama. Criticada, por cierto, como un arreglo cosmético y no de fondo, pues no se hace cargo de restringir la producción o controlar la cadena de comercialización, sino únicamente de aumentar los requisitos de registro de venta y posesión de armas. Ergo, de ser aprobada, el sistema legal continuaría protegiendo la propiedad de las armas y su libre acceso, pero no incidiría en la oferta ni menos en el novedoso rubro de servicios armamentistas de alta tecnología. Entonces, el resultado podría ser vergonzantemente paradójico: comprar un rifle o contratar la confección especial de uno sería más difícil que arrendar un misil teledirigible o un dron. Y este es el otro gran problema de Obama: los drones.

Muchos autores, activistas y ONGs, e incluso, recientemente, el presidente de la Corte Interamericana de DD.HH, han manifestado su preocupación ante el uso de los drones por parte del gobierno de Obama. La política de desregulación y secretismo en cuanto su uso en ejecuciones en Medio Oriente, encienden las alarmas respecto del eventual abuso que comete el gobierno. Con bases en Barein, Yemen y Arabia Saudita, los drones se dirigen por control remoto, hacia las rutas del terrorismo islámico: Libia, Mali, El Líbano, Siria, Afganistán, Irak o cualquier punto de la tierra.

Por ello, no es menor que ante una solicitud de información por parte de parlamentarios y algunas ONG sobre “la política de los drones”, una corte federal de apelaciones el 15 de marzo pasado haya dictaminado que el gobierno carece de justificación para mantener el secreto de los ataques con estos misiles y aviones sin tripulación. El proceso judicial será largo, pero ha permitido a la comunidad internacional enterarse de la magnitud de los instrumentos favoritos de defensa del gobierno de Obama.

La inacabada justicia militar y la negación del derecho en Guantánamo

Según cifras de distintos organismos los casos que han sido investigados como delitos terroristas, desde los atentados de septiembre del 2001, suman 507. Así, 500 han sido conocidos en tribunales civiles, en cambio solamente 7 se han sustanciado ante comisiones de competencia militar. Todavía quedan cerca de 100 casos de detenidos esperando en Guantánamo que llevan meses en una huelga de hambre. Ahora las denuncias apuntan a que están siendo alimentados por vía intravenosa, pero la mayoría de ellos han desarrollado diversas enfermedades que los mantienen en estado crítico y sin la atención médica de calidad que requieren.

La encrucijada de su gobierno, en este segundo mandato, es definirse por una propuesta de solución que vaya más allá de la clausura definitiva de Guantánamo, para lo cual no necesita al congreso, sino una reforma que apunte a dos objetivos. Uno, el fin del limbo procesal en el que se encuentran los investigados por la justicia militar, promoviendo una reforma del sistema judicial y penal que asegure un debido proceso o la liberación inmediata de los presos vía absolución. Dos, el cambio del régimen penitenciario que borre los horrores tristemente célebres de cárceles como Guantánamo o Abu Gharib, dirigida a toda la población penal del país.

La reforma migratoria y la dilución de las fronteras terroristas

La transnacionalización del terrorismo nada tiene que ver con los movimientos migratorios. Crímenes como los cometidos por los chechenos, quienes llegaron como refugiados a EE.UU., no auguran en absoluto una oleada terrorista en contra del sueño americano, como algunos denuncian. Al contrario. Las fronteras para el terrorismo hoy están diluidas. Tanto como los espacios aéreos que un dron puede cruzar para una ejecución preventiva y selectiva, ya de un nacional norteamericano en otro Estado, ya de un supuesto terrorista foráneo.

Por eso, aunque la reforma está suspendida en su debate, se espera que se retome esta semana. Obama ha dicho que no es negociable el tema de mayor libertad de armas por mayor ingreso de inmigrantes. La comisión que estudia el proyecto no ha emitido opiniones, pero esta semana comienza el camino decisivo.

Sin duda que el tema que complica al Estado norteamericano, no es el libremercado de armas, sino su desregulación. Éste es su principal riesgo social hoy. Bástenos de prueba este 1 de mayo dos noticias de revuelo internacional. Primero, el homicidio cometido por un niño de 5 años en Kentucky, quien con un bello rifle especialmente confeccionado en una armería tradicional dio muerte a su pequeña hermana de tres años. Segundo, la explosión de un avión norteamericano al servicio de la OTAN en territorio afgano, que con 7 tripulantes a bordo, todos fallecidos, fue derribado por un dron. El ataque es reivindicado por una célula de Al Qaeda, la misma que fue denunciada hace unos días por robar armamento especial sin clasificación. Ése es el resultado. Ambos casos, ponen en el tapete la urgencia de regular la fuente de la violencia contra EE.UU, su gente y los derechos humanos, y que más allá del terrorismo sin fronteras, tiene a Obama en la difícil tarea de definirse por un nuevo modelo de mercado de armas y política defensa, donde la justicia sea la universal y no esa que sirve a los intereses del gobierno norteamericano de turno.

*Publicado en Diario El Mostrador, Chile

 

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